Por
Alfredo Vélez
¿El humor y el ministerio unidos?
—Sí, claro. En un comienzo inclusive me equivoqué, porque cuando regresé a los caminos del Señor, me volví pastor y era de esa clase de predicadores serios, hasta que un día Dios me dijo: Un momento, yo llamé a un humorista, porque el humorista hace reír y una de las cosas que más necesita la iglesia es reír. ¡Quién lo creyera! Hay gente que confunde el hecho de que tener que ir a la iglesia es tener que ir a estar serio, austero, o sea que Dios es triste, que demasiado serio y eso está alejado de la realidad. Dios es un Dios alegre, hay que ver no más la naturaleza, el colorido. Creo que Dios disfrutó mucho haciendo todas las cosas. Así que he decidido definitivamente no hacer ni siquiera una diferencia entre lo que es el José Ordóñez humorista y lo que es el José Ordóñez predicador. A veces no sé si estoy predicando o si estoy haciendo un show, y a veces no sé si estoy haciendo un show o estoy predicando, porque cuando me subo en una tarima o en un púlpito, es lo mismo. Digo lo mismo y causa la misma hilaridad y causa el mismo efecto, de hecho, la gente ya en Colombia sabe que yo soy cristiano, sabe que dejé de lado los chistes de doble sentido, los chistes que a veces escribía uno en los libros y que no podían contar los niños. Ahora las cosas han cambiado, así que utilizo todo eso, mi capacidad para hacer radio, mi capacidad para hacer televisión. De hecho, hoy estoy radicado en Miami, trabajando para emisoras cristianas, haciendo humor, cambiando un poquito ese concepto de que la radio cristiana debe ser sólo predicadores, cambiando mucho los medios de comunicación, trabajando porque la televisión cristiana no sea solamente un pastor predicando, sino intentando motivar, inspirar a unas nuevas generaciones, para que ellos hagan televisión de una manera distinta. Es importante que se hagan novelas, concursos, programas de humor, asunto que obviamente no a muchos les cala ni a muchos les gusta, pero creo que hacia allá tenemos que orientarnos. Las artes escénicas, el canto, los deportes, todo eso le pertenece a Dios, verdaderamente le pertenece a Dios.
¿Es sacar la iglesia del ascetismo en que se metió por mucho tiempo, del aislamiento, de la religiosidad, del formalismo y aceptar que cada una de esas emociones y sentimientos que tiene el ser humano son parte de la creación de Dios?
—Sí, creo que ahora lo que necesitamos es tener un evangelio práctico, que funcione. Porque por muchos años tuvimos un evangelio que no era práctico, que no funcionaba, que nos metía en una burbuja de cristal y vivíamos en nuestro mundillo con una serie de amalgamas, de palabras, muletillas: ¡Amén!, ¡Gloria a Dios!, ¡Hermano! y la gente no nos entendía. Pero creo que ahora hay una nueva generación de gente que entiende que el evangelio debe ser ser práctico, que nos permita estar en todos los lugares y que seamos funcionales. No es esconder la sal en la alacena, es ser la sal de la tierra, es salir, salir, salir a conquistar la televisión, a meternos en el teatro, deportes, es salir a conquistar y creo que eso, eso ahora lo entienden los muchachos.
Últimamente se ha visto en el campo artístico, al menos en Colombia, una gran cantidad de personas convertidas. Vemos actores de televisión, vemos directores de cine, de hecho, yo tengo un hermano director de cine que se hizo cristiano. ¿Qué diferencia ha habido para que hoy este tipo de personas, que antes no quería saber nada de Jesucristo, estén abriendo su corazón a Cristo? ¿Dónde crees que está la clave, el ingrediente, para que se haya dado este cambio?
—Es un acuerdo mutuo que ha funcionado muy bien con los intelectuales. El intelectual lograba sus metas financieras, sus proyectos de vida, lo que él consideraba que era su éxito, anhelando encontrar paz, pero lo único que le dio paz fue que a él alguien, en alguna oportunidad, alguien le habló de Jesús. Y cuando alguien le habló de Jesús, esa persona tomó una decisión por Jesús y se dio cuenta de dos cosas:
Primero: que es real. Pero, segundo: esa iglesia a la que estaba asistiendo, necesitaba entender verdades. Entonces, la iglesia cristiana fue ganando los intelectuales, la gente estudiada. Dejamos de ser los panderetistas, la sola pandereta, los que creían que no había que estudiar porque Jesús venía, pero, nos atrevimos a creer, a recibir. Por ejemplo, lo primero que hicimos fue recibir esa gente, empresarios, gente adinerada, gente culta, con un nivel intelectual muy alto. Fuimos capaces de llegar a los mejores cirujanos, a los políticos, a los más altos deportistas, artistas de televisión, de cine, escritores, empresarios, gente con mucho poder adquisitivo, que encontraron en la iglesia un verdadero refugio de paz, porque se les hablaba de Jesús. Pero ellos nos hicieron un gran aporte, el gran aporte que también hago yo, desde mi punto de vista como humorista, y es que nosotros empezamos a hablarle a la iglesia, que la iglesia tenía que cambiar porque sino habría de morir. Entonces, nosotros hemos hecho nuestro aporte a la iglesia, ayudándole a quitar ese velo que tuvo durante mucho tiempo. Ahora, entonces, la gente al interior de la iglesia habla del desarrollo espiritual. Claro, como la base fundamental de una vida con Dios, de que las leyes de Dios son innegociables, que Dios sigue exigiendo santidad, tal como al comienzo, pero que también existe el desarrollo intelectual, el estudio, la capacidad, el desarrollo empresarial. Eso ha hecho que la iglesia sea ahora un nicho potencial en la sociedad, que tiene mucho para aportar. Ya no comemos de cuento, ya no somos la iglesia de garaje, somos una iglesia que inclusive se atreve a proponer, somos una iglesia que llegamos a las altas esferas jerárquicas del gobierno, de la policía, del ejército y eso hace que se construya una mejor sociedad. Creo que fue esa buena cosa que nos sucedió. A los unos por necesitar paz y a los otros por necesitar quiénes les enseñaran verdaderamente a ser prácticos en la vida.
José, finalmente, ¿Qué le dirías a las iglesias con temor a una apertura, a un cambio, que sienten en peligro su doctrina, sus tradiciones? ¿Qué decirle a estas personas y a las denominaciones, con sus tendencias, sus líneas, muy tradicionales, muy cerradas, muy conservadoras?
—Primero creo que deben entender que hay una parte de Dios que es negociable y otra parte que es innegociable. Al vivir con Dios hay una parte que no es negociable. Estamos hablando de santidad y obediencia. Alguien me pidió: deme tres secretos para ser exitoso en la vida, y yo le dije: santidad, santidad, santidad. Si nosotros no nos apartamos de la santidad… Jesús lo dijo: “ustedes busquen primeramente el reino de Dios y su justicia”, lo demás es ñapa, es añadidura. Entonces, esa parte no es negociable.
¿Cuál es la parte negociable? Es la parte de la forma. Pablo hablaba de eso, Pedro inclusive dijo, cada quien según el talento que Dios le ha dado, el don que Dios le ha dado, adminístrelo, así que esa es la parte negociable, es la forma. ¿Cuál es la forma? Que hay gente que le gusta el humor, que hay gente que le gusta la televisión, que hay gente que le gusta la canción, que hay chicos que les gusta saltar en los conciertos, mientras que el cantante de pantalón corto les va cantando canciones de Jesús. Esa es una forma. Que hay alguien que le gustan los vallenatos alabando a Jesús, que hay alguien que le gusta la música mexicana, en fin, somos multiformes, no dejamos de ser. A mí, fuera de Colombia, un vallenato me sabe a gloria. El que tiene problema con que se tome un vino, no se lo tome. El que no tiene problema y se lo toma, tómeselo, cuál es el problema. El que levanta las manos, levántelas. El que no las quiere levantar, no las levante. Pero si al final de lo que nosotros hacemos decimos santidad, santidad, santidad y me siento bien con lo que hago, ¿cuál es el problema? Así que primero creo que es hasta una advertencia. Creo que esas estructuras tan cerradas están tendiendo a desaparecer. O sea, cambia o desaparece. Y lo otro es invitarlos amablemente a que entiendan un poco lo que yo les acabo de decir.

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