martes, 14 de julio de 2009

La blasfemia y Maradona

Por

Alfredo Vélez

30 de octubre de 1998. 00:15 hs Barrio La Tablada.
Zona sur de la ciudad de Rosario.

Parecía una noche más… tan solo una más…Hernán Amez salió a caminar por el barrio solo, cabeza mirando al piso…cuando se cruzó con su amigo Héctor Campomar.
—Ey! Hernán! Estás bien?
—Hola Héctor… sí estoy bárbaro… Feliz Navidad!
—Qué decís?
—Feliz Navidad!…pensa un poco —le dijo Hernán—
—Tenés razón loco!… Feliz Navidad- Lo que siguió fue un abrazo mutuo y deseo de buenas noches.

30 de octubre de 1998. 00:45 hs. Barrio La Guardia
Zona Sur de Rosario. Casa de la familia Verón.

Ring!… ring!… ring!…
— Hola? Atendió sobresaltado Alejandro Verón el teléfono.
— Hola Ale…soy Hernán… Feliz Navidad!
— Qué decís?, que tomaste Hernán?
— Feliz Navidad!… pensa!
—Hernán van a ser la una de la mañana… qué tomaste, formol?
— Pensá…qué día es hoy Ale?
— Eeehh…tenés razón… hoy nació “Dios”... Feliz Navidad hermano Maradoniano!

Según el nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado, en el Nuevo Testamento, blasfemia significa: “usurpación por el hombre de las prerrogativas divinas. Los enemigos de Jesús lo acusaron de blasfemia (Mt 19:26; Jn 10:36), porque no reconocían su deidad”.

Para aclarar aun más esto, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, define “prerrogativa”, como “Privilegio anexo a una dignidad o cargo”.

En otras palabras, cualquier persona que se atribuya o le atribuya a alguien, tan sólo un privilegio de Dios, está cometiendo blasfemia. Cuando Jesús fue llevado ante Caifás, el sumo sacerdote, y el Consejo en pleno, calló ante la pregunta sobre su capacidad para destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días. No obstante, cuando le ordenaron que contestara en el nombre del Dios viviente, si era el Cristo, el Hijo de Dios, Jesús le respondió:

“Tu lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréís al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

Ante esto, el sumo sacerdote en señal de duelo rasgó sus vestiduras y dijo: “¡Ha blasfemado!”.

Los demás sacerdotes dijeron al unísono: “Es reo de muerte”, citando sin duda a Levítico 24:16.

Posiblemente, a pesar de ser usted cristiano evangélico, ujier, maestro, pastor, apóstol o profeta, se haya declarado fiel admirador de Maradona, aún sabiendo que el centro de su vida debe ser Cristo. Posiblemente lo haya defendido de las acusaciones de ser drogadicto, homosexual y hasta puede haber asegurado que la foto en que aparecen desnudos en la cama de un motel, Maradona y Caniggia, es un montaje publicitario o simplemente tenían mucho calor. Posiblemente usted se haya hecho cómplice de la “mano de dios”, celebrando el error arbitral que acabó con la vida personal del hombre que validó el falso gol, como lo afirma hoy en día este silbato ex FIFA.

Hoy quiero recordarle, que la razón por la cual Jesucristo fue condenado a muerte, fue exactamente la misma razón por la cual hoy hay más de 40,000 afiliados a la iglesia Maradoniana, que está cumpliendo 10 años: ¡Blasfemia!

Jesucristo subió inocente a la cruz del Calvario y por eso venció a la muerte, pero no sucederá lo mismo con los 40,000 fieles de la iglesia, incluido su “D10s” (como ellos lo escriben) ni con ninguno que no se turbe ante esta infamia. Cada hombre de Dios, cada pastor, ujier, apóstol, maestro, profeta o como quiera autodenominarse, se hace cómplice de la blasfemia cuando, sin explicarle esto a su hijo, más bien le compra una camiseta de la selección argentina con el número 10 y rotulada “D10s”.

Algunos estarán diciendo que sus motivos son diferentes, que admiran al futbolista y que no se meten con su vida privada. ¡Error! Como personas temerosas de Dios, no debemos ponernos la camiseta de Maradona, ignorando la proclamación que esto implica para muchas personas. Otros estarán desesperadamente diciendo que Dieguito no tiene la culpa, que los culpables son los blasfemos que fundaron la iglesia. Déjenos responderles con las palabras del propio Diego Armando Maradona a los fieles de su iglesia:

"A los fundadores de este movimiento y a los hinchas que participan, les agradezco en el alma que me tengan tan presente en la memoria y en su corazón. Gracias"

Memoria y corazón: dos áreas de nuestra vida cristiana que deben tener dedicación exclusiva a nuestro Señor Jesucristo.

La iglesia maradoniana no es una broma de cuatro muchachos ignorantes. Está legalmente constituida y crece en casi todos los países latinoamericanos. Tiene sacerdotes, ceremonias, matrimonios, mandamientos y hasta oraciones equivalentes al Padre Nuestro, como lo es “El Diego Nuestro”. La idolatría por Maradona es una triste realidad. No olvide que desde este escenario no cuestionamos sus habilidades como futbolista, si es el mejor o no, ni siquiera si es verdad o mentira lo que se dice de sus adicciones o de su orientación sexual. Aquí hablamos de ¡blasfemia!, el más grave de los pecados, el imperdonable cuando se trata del Espíritu Santo de Dios.

Pastor, maestro, líder, lo instamos a instruir a sus ovejas sobre esta realidad, que ahora, con el reciente nombramiento de Marandona como técnico de la Selección Argentina, tendrá un “avivamiento” en el que muchos ignorantemente participarán, como ovejas al matadero.


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